Páginas enteras de desperdicio, tinta malgastada, sangre que corre por el papel formando rosas escarlatas
La pasión desbordada en lágrimas que tristemente caen por las teclas, sigo atada a este piano que me lleva a un trance lúgubre de grisaseo color
Suena la melodía cargada con mi agonía, empapada cada nota fatal con el matiz y la añoranza de tus falsas palabras, aunque fueran sólo eso, me hacen falta
La oscuridad yace en mi habitación, cuatro paredes que me esconden en su interior, no hay señales, no hay perdón
Sólo una condena que se clava en el interior del corazón y va rasgando las venas, brota como veneno obscuro de mi pecho, y yo sigo tocando mi fatídica canción
Frente al espejo, compadeciéndome de mi propio reflejo, mis dedos no se alejan de instrumento que me entierra en mi pena, mi miseria
Llegas tú tocando mis labios, los quemas con rozarlos, bebes de la herida que causaste para torturar lo que queda de mí, beso sangriento que te entrega mi vida
En tus ojos verdes pierdo la cordura, me hundo en el vacío y la falta de tu amor, bailas conmigo llevándome a un sueño engañoso, manipulándome cual marioneta que cae e ntu función, apretada contra tu cuerpo me atraviesas con tu espada
Siento el fuego arder en mis entrañas, quemándome junto a gritos que ruegan compasión, haces añicos mi sonrisa, escombros mis ilusiones, borras las memorias, los años de mi existencia
me siento absurda, completamente destrozada
La penumbra traga, las sombras devoran
Sólo dos palabras bastaron para quebrarme, en el infierno me has dejado consumir
El infierno de tu maldad, sólo dos palabras se robaron el cielo...
Y los pedazos cayeron sobre mí
Sólo dos palabras me partieron
Traición, patrañas... eso te compone, de eso estás hecho, amor mío
Tu amor era una trampa que me logró atrapar en su red y me engarsó sus espinas
El repentino silecio desaparece tu imagén
Y el piso se desvanece hundiéndome en mi llanto, ahogándome en mi perdición, cierro los ojos para no sentir el dolor, ya no respiro...
La puerta retumba, las ventanas se inquietan, los demonios rasgan queriendo entrar, el viento resopla
Y me vuelvo invisible en mi propia soledad, mi sombra es lo único que está a mi lado, ella me cubre en mi eternidad
Despiértenme de mi letargo mortal
Cuando pueda encontrar que los años tienen sentido y que el tiempo nunca pasó... que no me perdí en los minutos de mi propia ausencia y que los segundos asesinados no han dejado fantasmas a su paso
Que no se ha empolvado mi identidad, que amor y mi amor siguen latentes, sólo dos palabras... sólo dos palabras certeras se convirtieron en la flecha que terminó con mi corazón...
Cicatrices vuelven a sangrar, se abre mi piel, los mismo nuevos y viejos pensamientos comienzan a atormentar, a rondar por mi mente, sólo dos palabras...
Que ruedan y se repiten por mi cabeza
Sin cesar, sin descansar...
Sólo dos palabras
Sólo dos palabras
Y mi muerte con ellas...
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Isabel Muradas.
Febrero, 2008.
Publicado por
Isabel B. Muradas

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