Cuando el amor levanta campamento en su pecho, ese hombre ya no vuelve a conocer el descanso ni de día ni en el lecho. Las penas del amor vivir le impiden y luego, como si nada, que pague la factura por los servicios prestados le piden. Siente un gran dolor hasta cuando bebe agua. El pan que come en sangre se fragua. Y aunque está desfallecido, exánime, más débil que una hormiga, el amor a luchar por ella lo obliga. No es capaz de tomar ni un solo bocado sin ser consciente de que en un mar de amor lucha por no morir ahogado. FARID UD-DIN ATTAR Siglo XII

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