Hubo un elemento, tan cambiante e impredecible
Se juntaba con el viento y creaba las tormentas
Encerrado en su gélida totalidad, esclavo de sus impulsos, carecía de tranquilidad
¿Qué le hacía falta? ¿qué necesitaba?
La monotonía poco a poco lo mataba
Vagando y adentrándose en sí mismo
Buscando el complemento
Cayó por casualidad en la tentación de una fémina
La hundió en su inmensidad
Y por primera vez todo fue perfecto
Nutriéndola por dentro
Hallando la tan esperada estabilidad
De su vientre nació la vida
Tiñendo de mil colores el vacío
Haciendo el amor a la luz de la luna
Dando voces y espíritu a los seres errantes
Desplegando la creación en todos los rincones
Surgió un oasis
Y la sal y la arena se hicieron eternos amantes.
Publicado por
Isabel B. Muradas

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